¿De qué está hecho el español?

El idioma español forma parte de un árbol de ramaje extenso y profuso que le permite conectarse con otros idiomas igual de complejos. La copiosa superficie del nuestro, llena de palabras tan bellas como impresionantes, es resultado de esas conexiones históricas que le dan forma y sentido a cada término que utilizamos.

Como sabemos, el latín es la rama principal no sólo del español, sino de otras lenguas agrupadas con el adjetivo «romances» (adverbio del latín vulgar romanice que significa «del modo romano»); tales como el italiano, el portugués y el francés, entre varios más.

Además del latín, las lenguas que se conectan con la nuestra y forman parte de su ramaje son, en orden de influencia: el griego, el árabe, las lenguas americanas y las peninsulares. Para ejemplificar, hagamos un recorrido como lo hace la profesora Mayeli Corona con los estudiantes del diplomado en Corrección Profesional de Estilo y Consultoría Editorial:


Griego

El griego antiguo dejó muchas huellas en el idioma español, tantas que aún continúan en forma de prefijos y sufijos con palabras que utilizamos regularmente. Algunos ejemplos de prefijos de origen griego son anti- (que indica oposición, como antidemocrático), dia- (que significa a través de, como diálogo), o peri- (equivalente a alrededor de, como periférico).

De los sufijos griegos que empleamos destacan: -ismo (doctrina o creencia, como catolicismo o neoliberalismo), -ista (ocupación o agente, como dentista o cuentista), -logía (ciencia o tratado, como criminología o cardiología), -manía (locura, como en melomanía), o -fobia, como aracnofobia.


Árabe

El árabe es de las lenguas que más riqueza léxica han proporcionado al español. La presencia que su cultura tuvo en la península ibérica (gracias a su tolerancia política y religiosa), nos dejó un gran legado casi todo relacionado con el buen vivir, por ejemplo:

Lenguas americanas

Las lenguas originarias americanas también hicieron su aportación al idioma español. De sus tesoros léxicos, América heredó al mundo muchas palabras cuyo origen a veces olvidamos. Curiosamente, algunas son más empleadas en otros países que en su región originaria: en México, por ejemplo, usamos la palabra inglesa «gis», en vez de la de origen náhuatl «tiza», que se usa más en otros países hispanohablantes.

Lenguas peninsulares

A las lenguas que se usaban en la península ibérica, antes de que fuera invadida por los romanos, se les conoce como lenguas de sustrato; de ellas tenemos palabras como:

Neologismos

La genealogía de la lengua, además de ayudar a conocer el léxico que la compone, es necesaria para crear nuevas palabras; es decir, neologismos que atienden fenómenos y conceptos para los que antes no había términos precisos.

Es la ciencia -con sus innovaciones- la que recurre a los neologismos. Para crearlos, cumple con un proceso (aplicado en todo el mundo) de ocho pasos que someten una idea o descripción a su escritura en griego. Por ejemplo, el término médico que describe con precisión el dolor en la lengua (glosalgia), cuando se creó tuvo que recorrer este camino:

Si te interesa el tema de los neologismos y quieres divertirte formándolos, dale clic al enlace de la página Objetos UNAM.

Con muchas historias entretenidas desde la época grecolatina hasta los reinos españoles y la actualidad, la profesora Mayeli Corona hizo de las sesiones Etimología y filología encuentros muy agradables y de descubrimientos para los estudiantes.




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