Dime cómo hablas y te diré quién eres (parte II)

En la entrega pasada te narramos cómo fueron los orígenes de la lingüística forense; ahora te contamos cómo se consolidó.


Entre 1978 y 1995 Theodore Kaczynski, mejor conocido como Unabomber (por la contracción de University and Airline Bomber), envió bombas caseras a varios académicos de universidades, investigadores y ejecutivos de aerolíneas en Estados Unidos. En total fueron 16 los ataques que mataron a tres e hirieron y mutilaron a veintitres personas. Su captura se logró 17 años después del primer explosivo enviado y ello gracias a la publicación de un manifesto que motivó a los especialistas de la todavía no muy aceptada lingüística forense, para que se interesaran y determinaran el perfil criminal del terrorista; lo que confirmaría su identidad.


El Unabomber Theodore John Kaczynski nació en la primavera de 1942 y desde pequeño comenzó a destacar en la escuela; sobre todo en las matemáticas. Con tan sólo 16 años Kaczynski se graduó en la Universidad de Harvard y en poco tiempo se doctoró en matemáticas por la Universidad de Michigan.

Cualquiera podría pensar que la vida le sonreía, pero su genialidad no nada más le daba cosas buenas, sino que también lo hizo víctima de bullying desde sus primeros años de escuela. Enfrentarse constantemente a las agresiones de los demás, hizo que Kaczynski desarrollara una personalidad compleja y un carácter introvertido. En 1969, sin motivo aparente, Kaczynski dejó su puesto de profesor asistente en la Universidad de Berkeley y se fue a vivir a una cabaña en un bosque de Montana. La vida apartada de la sociedad lo convirtió en un ermitaño; a partir de 1978 ya no tuvo contacto alguno con el mundo exterior: su familia no supo más de él.

El primero de los 17 atentados Precisamente fue en mayo de ese mismo año cuando extrañamente apareció un paquete en el estacionamiento de la Universidad de Illinois, con instrucciones precisas para entregárselo al profesor Buckley Cris. Sin duda el hecho resultaba sospechoso por lo que, cuando se lo entregaron a Buckley, prefirió regresárselo al guardia de seguridad quien, al intentar abrirlo, resultó herido por la detonación de una bomba. Luego de éste incidente siguieron 16 atentados más durante casi veinte años sin que el FBI pudiera dar con el culpable; de ahí que sea una de las investigaciones más costosas y frustrantes del buró. Dicen que la justicia puede tardar, pero siempre llega (dicen también), así es que en 1995 una luz de esperanza se vislumbró: el Unabomber envió una carta a los medios de comunicación y en ella proponía detener los atentados siempre y cuando se publicara un artículo escrito por él titulado La sociedad industrial y su futuro.



El Manifiesto de Unabomber como se le conoce, contenía unas 30 mil palabras con las que decía que la revolución industrial había supuesto un desastre para la humanidad, por lo que llamaba a la sociedad a rebelarse y volver a patrones de comportamiento más naturales. Además, el terrorista aseguraba que, una vez publicado su manifiesto, las bombas cesarían. Aunque al principio tanto el FBI como los medios de comunicación dudaron de su veracidad, el olfato periodístico del Washington Post y el New York Times terminaron aceptando publicar el manifiesto sin ninguna modificación. La huella del Unabomber

Por su parte, el FBI aceptó que se publicara el manifiesto pues esperaba encontrar alguna huella dactilar o algún resto de ADN; pero se quedó esperando, porque el manifesto estaba escrito en máquina, lo que descartaba cualquier información derivada de la caligrafía.

Sin embargo, una nueva sección del FBI liderada por el criminólogo James Fitzgerald propuso centrarse en el contenido del texto pues, decía, eso podía ayudarles a construir un perfil mucho más certero.

Tras analizar el texto varias veces, Fitzgerald determinó que el Unabomber poseía un gran registro del lenguaje y no cometía errores ortográficos, también, como el formato parecía ser el de una tesis académica, lo más seguro era que se tratara de un investigador universitario o científico. El caso se resolvió al fin cuando David Kaczynski, hermano del genio aislado, se acercó al FBI para advertirles que creía que el manifesto lo había escrito su hermano Theodore, quien se encontraba autoconfinado en los bosques de Minnesotta. David le entregó a Fitzgerald algunas cartas que Theodore le había escrito antes de perder contacto con él y el lingüista criminólogo concluyó que el sospechoso mostraba construcciones sintácticas propias, por lo que pudo establecer puntos de unión entre el manifesto y las cartas. Más allá de jergas profesionales, dialectos regionales y uso de la puntuación, los peritos lingüísticos se fijaron en errores ortográficos, en la complejidad de las estructuras y en el uso de subordinadas. El análisis comparado de los escritos consiguió que las autoridades judiciales firmaran la orden de detención requerida por el FBI, y el 3 de abril de 1996 Ted Kaczynski fue arrestado en su cabaña del bosque.


El régimen de terror de Ted Kaczynski cesó y la lingüística forense fue crucial para atraparlo y conseguir su condena. Quién pensaría que un crimen hubiera evidenciado la veracidad de toda una disciplina, que ha demostrado capacidad para adaptarse a los tiempos y ser redituable para los especialistas que se inmiscuyen en ella.


7 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo