IV Día Internacional de la Corrección de Estilo

De la competencia desleal a la solidaridad intergremial

Dafne Juárez


En México, los pasados 23 y 24 de octubre la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición (PEAC) organizó su décimo cuarto festejo con motivo del Día Internacional de la Corrección de Estilo (DICE). A diferencia de los años anteriores, en esta ocasión sus actividades fueron en línea (como se ha hecho todo en todas partes este año), con el objetivo de reflexionar en torno a la competencia desleal: causas y posibles soluciones.

El tema surgió de las reuniones de análisis y reflexión que cada dos semanas lleva a cabo un grupo de correctores de PEAC, cuando comentaban los problemas a los que han tenido que enfrentarse y se preguntaron si la competencia –cuando no es sana– obstaculiza el trabajo y además tiene distintas formas. Como en las reuniones se trata también de ser propositivos, igualmente pensaron que una manera de enfrentarla podía ser mediante la solidaridad y la comunidad intergremial.


Así, poco a poco fue planeándose lo que después vería la luz en el XIV encuentro del DICE. Llegado el día, la presidenta de PEAC, Ana Lilia Arias, declaró inaugurados los trabajos y cedió el micrófono al filósofo Carlos Quiñones, quien ofreció una interesante disertación sobre la ética y la deontología, buscando resaltar la importancia de que nuestra profesión (ethos) disponga de un código deontológico a partir de consensuar las buenas prácticas que se efectúan en lo privado por tradición para que le sean útiles a la profesión.


Es una manera de estandarizar el trabajo de corrección textual y, al mismo tiempo, darle identidad; tanto a la profesión como a las personas que la profesan en comunidad (comunidad moral). En este sentido Quiñones explicó que cualquier moral privada debe suspenderse cuando se ejerce una profesión, porque antes de ella está la corresponsabilidad hacia los otros profesionales de la corrección.


De ahí que adoptar este código sea tan necesario, ya que debe cumplirse también con la responsabilidad moral social que se tiene, porque es la sociedad la que demanda los servicios de nuestra profesión. La reflexión de Quiñones terminó resaltando la necesidad de que todo profesionista debe tener vocación y sentido de pertenencia a un grupo; sólo así es posible desempeñar con amor su trabajo y avivar en consecuencia el código deontológico.


En la ronda de preguntas se reflejó las dudas que la disertación había despertado; por ejemplo, ¿cómo determinar el código deontológico sin ser excluyentes?, ¿cómo mirar las necesidades de la mayoría y hacer que la profesionalización beneficie a los que la ejercen y a quienes la requieren?, ¿qué valores deben permear el ejercicio de la corrección de estilo y cuáles deben ser erradicados?, entre otros.


Conversatorio 1

Continuaron las actividades con el primer conversatorio donde se discutió la competencia desleal desde los enfoques filosóficos y de comunicación. Aquí es donde me tocó a mí participar para ofrecer lo que a lo largo de mi paso por el diplomado en corrección profesional de estilo y consultoría editorial he reflexionado: una interpretación acerca de por qué la libertad de mercado y la libertad de los individuos para establecer precios ha originado la falta de solidaridad y la competencia salvaje.

Desde mi punto de vista, porque colocan sus deseos privados antes que cualquier otro parámetro de valor del trabajo, y ello afecta a todas las personas que ejercen determinada profesión y les priva de mostrarse como comunidad, pertenecientes a un mismo gremio.

Continuó Carmen Barranco, compañera del diplomado, quien comentó que la falta de seguridad en el empleo y trabajar como freelance es la realidad de cada vez más personas lo que los obliga a preocuparse más por ofrecer precios que les garanticen el trabajo, antes que pensar en su profesionalización y elevar la calidad de sus correcciones. Esto ha propiciado que abaraten mucho su trabajo y la competencia con los colegas que se esfuerzan por ofrecer un trabajo de calidad ya no es pareja.


El profesor universitario y corrector desde hace más de treinta años, Alberto Calva, se concentró en la falta de conocimientos técnicos que lleva a muchos egresados de diversas licenciaturas a ofrecer sus servicios sin saber exactamente en qué consiste la corrección de estilo, lo mismo que la falta de conocimiento social que se tiene para aceptar la necesidad de este servicio; en ambos casos ello desvaloriza el trabajo de los profesionales de la corrección de estilo.


Para finalizar, Juan García, comunicólogo y corrector, comentó que la hipertextualidad era también un problema al que nos enfrentamos los correctores de estilo, pues suelen concentrarse en la ortotipografía (que las máquinas pueden hacer) en lugar de atender la legibilidad de la realidad, de acuerdo con la labor moral social que debe tener nuestro trabajo.

El primer día concluyó con diversos temas que quedaron en el aire para continuar discutiendo: ¿de qué manera podemos generar lazos de solidaridad y empatía con otros correctores de estilo?, ¿cómo podemos enfrentar el sistema de libre mercado que nos obliga a vernos como competencia en vez de como comunidad?


Horizontes de solidaridad

El sábado 24 comenzamos presentando los resultados de la encuesta solicitada a las y los correctores de estilo de hispanoamérica; la idea era poner en discusión el problema de la competencia desleal y los valores que fomenta el libre mercado, así como los horizontes de solidaridad que se han establecido entre los miembros de la Red de Asociaciones de Correctores de Textos (RedACTE).


Con la participación de un representante de cada una de las asociaciones integrantes y los dos colegas que actúan de manera individual, se desarrolló el segundo conversatorio. Por lo extenso que podría resultar, destacamos aquí sólo algunas de las interesantes reflexiones en forma de pregunta: ¿se comete competencia desleal cuando se ignora que se está afectando a otros?, ¿qué motiva a quienes se dedican a la corrección de estilo a formar parte o no de un conglomerado?, cuando la necesidad media nuestras decisiones ¿se incurre en deslealtad?


Para algunos colegas es válido que se conserve la libre competencia, pero se preguntan: ¿qué tan leales son las asociaciones al querer estandarizar las tarifas cuando no todos los correctores tienen ni el mismo nivel de formación ni las mismas oportunidades de profesionalización? ¿Hay que mantener entonces la libertad de mercado? ¿En qué consiste la solidaridad intergeneracional?


Una constante tanto en el DICE como en todas las reuniones y grupos de correctores es la falta de conocimiento para valorar el trabajo de corrección y a partir de ahí definir cómo cobrar y qué cobrar. Este desconocimiento lleva a los correctores a cobrar menos de lo que deberían. También se insistió en la necesidad de educar a los clientes para que sean conscientes del valor de nuestro trabajo; además de reiterar que trabajar en conjunto es una posibilidad de distribuirlo.


En la ronda de cierre se planteó que la competencia no es mala, sólo habría que diferenciar entre la competencia leal y la desleal: mientras la primera busca la motivación y el crecimiento a largo plazo para la profesión, a la segunda únicamente le interesa el bien privado e inmediato. Y cierro con esta pregunta que a mí me deja mucho qué pensar: ¿tener precios justos anularía el problema de la competencia desleal?




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