La corrección de estilo

Actualizado: 3 de sep de 2020

Carlos Ravelo Galindo y José Antonio Aspiros


Carlos Ravelo Galindo afirma:


[La corrección de estilo] viene a cuenta porque ayer 4 de marzo, hace setenta y cinco años, a los quince de edad entramos a trabajar a Excélsior (1945). De inmediato aprendimos a poner correctamente las palabras.

En ese tiempo era el subdirector general don Manuel Becerra Acosta, cuya secretaria Ángela Rock me entregó mi credencial que decía Carlos Ravelo Galindo, office boy de la Redacción.


Acudí a don Manuel y le dije, con todo respeto: «Señor, cómo en el mejor periódico de Latinoamérica utilizan palabras en inglés para identificar a los empleados».


Fiel a su carácter, no ofensivo, gritó: «Qué, quieres que te ponga director».


«No, señor, simplemente que nos llamen en español: ayudante de la Redacción».


No me olvido de su carcajada y de que ordenó a la señorita Rock hacer el cambio.


Desde entonces, a partir de 1945 (hace 75 años) a quien ingresa a la sección editorial se le llama, si no es reportero, sencillamente ayudante.


Y después de este eufónico preludio, al tema.


La corrección de estilo no tiene que ver con mejorar la forma de arreglarse o vestirse, como mucha gente cree; tampoco con la simpleza de revisar comas y acentos mal puestos, como piensan tantos colegas periodistas; es algo más cercano a esa labor, pero no solamente para cambiar haber por a ver, hay por ahí o a la limón por al alimón, ni para quitar las innecesarias frases hechas como cabe recordar.

Hay incluso quienes, sin muchas luces gramaticales, dicen que los correctores de estilo son puristas del lenguaje.


Todas las personas que escriben algo para ser leído por los demás, trátese por ejemplo de un anuncio publicitario, un boletín, un texto periodístico o literario, una tesis, un poema, una obra teatral, científica o académica, necesitan de un(a) corrector(a) de estilo para perfeccionar sus textos.


Gracias al empeño de México y otros países de Iberoamérica hoy se agrupan los correctores de estilo de once países; dicho de otra forma, los que revisan y ponen la prosa y gramática adecuada a los originales.


No obstante, siguen muchos yerros de los que decimos saber escribir.


Mejor dejemos a un perito en la materia, que la practica a diario, que nos dé una lección.

Agradecemos al licenciado en periodismo José Antonio Aspiros que acepte y amplíe el tema, tan necesario hoy en día.


Estos expertos desempeñan una labor profesional y especializada; se forman expresamente para ello, y los hay en gran cantidad en los países de habla hispana.


Lo que les faltaba era visibilizarse (aunque la industria editorial los conoce bien, pero generalmente los minimiza), insistir en la importancia de su valiosa función aun entre autores particulares, y sobre todo unirse para defender como gremio tanto la necesidad como la razón y el valor de su trabajo.