La pequeña imprenta que llegó a los hogares

La minimáquina de escribir Hermes Baby se introdujo al mercado para competir con sus mayores: Olivetti, Remington, Olympia e Imperial… y lo hizo de manera muy exitosa. Te contamos por qué

Cuando en 1873 la compañía E. Remington and Sons presentó al mercado su revolucionaria máquina de escribir para poner la «letra de imprenta» al alcance de todos, no imaginaba todavía la gran contribución que le haría a la mecánica de la escritura.

Al poco tiempo esas nuevas máquinas se convirtieron en herramientas imprescindibles para las actividades más diversas... pero había un grave problema: los primeros prototipos eran máquinas enormes, tanto en su volumen como en su peso. ¡Ni a quién se le ocurriera cambiarla de lugar!


Como suele ocurrir, al darse cuenta de las necesidades de los consumidores, el mercado pronto se llenó de competidores que mejoraban la patente; así surgió la empresa italiana Olivetti

A diferencia de la Remington 1, el primer modelo de la competencia (Olivetti M1) era más práctica por su tamaño; aunque seguía teniendo un peso considerable. Con todo, tenía mayor movilidad que su antecesora, por lo que se volvió la máquina de escribir preferida; sobre todo en las oficinas.

El éxito de la M1 fue tan rotundo que la empresa Olivetti buscó con ahínco la patente de una máquina de escribir aún más pequeña y ligera, completamente portátil, que funcionase para todos. Por supuesto que la intención era hacer a un lado a la Remington y convertirse en la empresa líder del mercado. Así entra a esta historia Gutierre Tibón.



La Hermes Baby

Antes de ser el gran escritor, antropólogo, filólogo y lingüista tan conocido en México desde la década de los treinta, Gutierre Tibón era un vendedor de máquinas de escribir que buscaba clientes de casa en casa. Así, interactuando con ellos se percató de cómo hacer realidad sus deseos y diseñó una máquina de escribir más pequeña y ligera, mucho más funcional que ninguna otra.


Con sus entonces escasos recursos, Gutierre Tibón se las ingenió para fabricar la minimaquina a la que nombró Hermes Baby. No tuvo que esperar mucho para que la empresa Olivetti se acercara a él y en 1932 le comprara la patente.

Desde su lanzamiento, la Hermes Baby tuvo gran éxito. En poco tiempo se convirtió en uno de los modelos más deseados por escritores, periodistas y estudiantes. Son famosas las fotografías de Ernest Hemingway con su Baby cuando era reportero de guerra.


Y es que la Baby cambió por completo el diseño de la máquina de escribir: sus 29 cm de largo x 29 cm de ancho y 6 cm de alto la hicieron una máquina muy fácil de transportar, con un diseño que reflejaba las vanguardias de la época.

Fabricada en metal esmaltado color grisáceo con elementos decorativos rojos, la Hermes Baby recordaba los tobillos del dios Hermes (de ahí su nombre), mensajero del Olimpo, cuando las tapas que ocultaban los carretes de la cinta se desplegaban a manera de alas.

En alguna ocasión, José Emilio Pacheco escribió en un «Inventario» (su columna semanal en la revista Proceso), que Gutierre Tibón había inventado la laptop de hoy. Y es que la Hermes Baby fue la máquina de escribir más pequeña y liviana del siglo XX. Si te interesa, todavía hay muchas Hermes Baby en funcionamiento y puedes conseguirla en portales web como Ebay o en sitios de venta de artículos de segunda mano, por un costo aproximado de entre 70 o hasta 150 dólares americanos. ¡Cuéntanos si eres o fuiste de los felices poseedores de esta maravilla!




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