Los libros más curiosos

En la edad media, el libro, más que un objeto de ocio y entretenimiento, tenía usos y debía ser funcional para ciertos oficios; como resultado, los libreros del medioevo nos heredaron verdaderos tesoros.


Por lo regular, hablar de manuscritos medievales nos lleva a imaginar tomos grandes y robustos, bellamente ilustrados y cubiertos de cuero. Libros únicos y artesanales que, sumados al ingenio y maestría de algunos copistas, hicieron también libros fuera del canon de lo más curioso. Conoce algunos de los que han sobrevivido al paso de los años.


Codex rotundus

El Codex Rotundus es un pequeño libro manufacturado en 1480 que debe su nombre a su peculiar forma circular (rotundus, de redondo, redondeado o cilíndrico). Se le considera uno de los primeros libros de bolsillo de la historia, mide poco más de nueve centímetros de diámetro y consta de 266 páginas, costuradas a un lomo de no más de tres centímetros; es tan pequeño que se necesitan tres broches para ayudar a mantenerlo cerrado.


Libros siameses

La encuadernación dos-à-dos es una forma de costura en la que se empastan dos libros juntos: por ello el nombre de libros siameses. Este tipo de obras fue muy popular en los siglos XVI y XVII; sobre todo en obras para servicios religiosos, por ejemplo, el Nuevo y Viejo testamento o la Biblia con un salterio (compendio de salmos).

Es decir, se unían dos obras porque una era necesaria para explicar o profundizar en la lectura del otro.


Libros al alcance de la mano

Los girdle books son encuadernaciones que proliferaron en el siglo XIV y XV entre los médicos y religiosos que viajaban de pueblo en pueblo. Se caracterizan porque su encuadernación tenía una especie de cola para colgarlos del cinturón; con la intención de que, cuando el dueño quisiera leerlo, siempre lo tuviera a la mano: por eso se les conoció también como libros de cintura. Fueron tan populares que entrado el siglo XV se convirtieron en un accesorio a la moda que toda cortesana debía llevar, mientras más ornamentado, mejor.

Seis-á-seis

Todos sabemos que la unión de dos a veces es difícil, ¡imagina unir a seis! Pues sí, los libros conocidos por su nombre en francés seis-á-seis mantiene la misma idea del curioso manuscrito que empezó a circular en el siglo XVI, sólo que aquí no se encuadernan dos sino seis libros: todos autónomos uno del otro. Es decir, no importa cómo ni por dónde se abra, siempre se leerán de manera independiente uno de los seis textos religiosos juntos.


Hornbook

El hornbook es una tabla del siglo XV que podríamos considerar antecedente de «El catecismo del padre Ripalda» pues además del alfabeto, tenía textos breves y fáciles para que las personas conocieran varias obras a la vez, ya que en aquella época era sumamente difícil conseguir un libro. La idea de que el soporte fuera una tabla y no pergamino o papel (lo más moderno), era que los escritos fuesen duraderos para instruir a varias generaciones. Y todavía más: cubrían la tabla con mica para que no tocasen las letras y se tomaba de la manga. Más cuidados, imposible.

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