Los orígenes de la ortografía


No importa el país ni el idioma: en las redes sociales encontramos dos tipos de personas: las que conocen al pie de la letra todas las reglas ortográficas y lo presumen (ay de aquél que no las conozca), y las que no las conocen pero tampoco les preocupa. Al presumir su habilidad, el primer grupo tampoco se da cuenta de que al mismo tiempo está presumiendo su privilegio social; tan es así que hasta se sienten con derecho a descalificar a quienes no dominan, como ellos, las normas de la escritura. Afortunadamente esto no siempre fue así. Es más, normar la lengua con la ortografía nunca tuvo la intención de marcar diferencias entre los que saben y los que no.

Orígenes Como bien sabes la palabra «ortografía» procede del griego clásico y se forma con el prefijo orto, que significa recto o correcto, y la voz grafía; que a su vez significa escritura, expresión o producción gráfica. Pues bien, la ortografía es parte de la gramática y su función es regular el uso correcto de la escritura de las letras, la tildación de las palabras y el uso de los signos de puntuación y auxiliares. Sabemos que el primer esfuerzo por buscar la estandarización de grafías para la lengua castellana ocurrió en el siglo XIII, en plena época medieval, gracias al rey Alfonso X más conocido como El Sabio. De no haber sido por su sapiencia no se hubiera preocupado por normar la escritura; por ello convocó a eruditos, amanuenses y cortesanos para que acordaran una normativa.

Si ahora no es fácil ponerse de acuerdo para respetar o cambiar alguna norma, imagínate lo complicado que fue en el siglo XIII cuando aún coexistían distintas tradiciones de escritura. Llegar a algún acuerdo fue tan complejo y laborioso que, para el fin de su reinado, Alfonso X no había logrado aún uniformar la representación escrita del castellano en ese entonces, como tanto deseó. No fue sino hasta 1492 cuando, el profesor de la Universidad de Salamanca, Elio Antonio Martínez de Cala y Xarana, más conocido como Elio Antonio de Nebrija, dio a conocer una propuesta mucho más homogénea con su célebre Gramática castellana. Entre las curiosidades de esa primera gramática normativa están las novedosas reglas de puntuación; entre ellas Nebrija propone dos signos: el colon [.] y la comma [;]. El primero indica el final de la oración y la segunda, explica su autor, se introduce al final de una oración con verbo si se desea añadir otra oración continua. Una innovación sin precedentes.

Casi de inmediato, la obra de Nebrija dio paso a las discusiones de los eruditos, quienes empezaron a interesarse por el bien escribir y las normas ortográficas esenciales: como la puntuación y la acentuación, sobre todo porque en aquél mismo año un nuevo mundo había sido descubierto y la necesidad de una comunicación escrita clara era de suma importancia. Con el tiempo surgieron otras propuestas de normativa ortográfica que permitieron consolidar la estandarización de la lengua castellana escrita hasta como las conocemos hoy en día.

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