¿Qué sabes de la arroba?

Para muchos, la a manuscrita semi encerrada por un círculo es un símbolo que empezó a hacerse familiar con la aparición de internet, para separar el nombre del usuario del de la empresa que daba el servicio para una nueva forma de comunicación: el correo electrónico. Sin embargo, su origen es mucho más antiguo. Te contamos...

La arroba, como se llama ese signo tan común representado por este símbolo @, es de uso obligado para las direcciones electrónicas o para mencionar a otros usuarios en las plataformas de las redes sociales, dejándolo claro para que se enteren, por lo que ya hasta verbo es: arrobar.


Como su imagen refleja a la letra a y, al mismo tiempo, la o (no exacta, de acuerdo), algunos grupos simpatizantes del lenguaje inclusivo o incluyente la adoptaron con el propósito de dejar claro que se refieren a ambos géneros gramaticales (masculino-femenino), sin tener que duplicar los sustantivos. Por lo mismo optan por escribir «tod@s», por ejemplo; aunque nunca han explicado cómo debe pronunciarse esa forma.

La arroba (@), sin lugar a dudas es un elemento de nuestro tiempo, por su carácter intrínseco a la era digital; sin embargo, su uso se remite a la Edad Media. El origen La mayoría de los historiadores aceptan que la palabra arroba proviene del árabe (ar-roub) y significa «cuarto» o «cuarta parte»; no así en lo que se refiere a su representación, ya que en los registros no se muestra un solo significado. O sea, podríamos decir que hablamos de un signo comodín.

Lo que sí es un hecho es que las primeras inscripciones de la arroba se deben a los monjes copistas de la Edad Media, con la que representaban la preposición latina «ad» (a, ante, contra, hacia, por).


Recordemos que es en los monasterios donde los copistas empiezan a utilizar las abreviaturas, muchas veces de manera arbitraria, con la finalidad de agilizar su trabajo y disminuir su esfuerzo. Llegó un momento en el que se abusó tanto de las abreviaturas que la comprensión del escrito fue prácticamente incomprensible; aunque no fue el caso la preposición «ad», que aparecía con frecuencia en los textos transcritos. Fue tal su frecuencia de uso que empezó a usarse en las cartas oficiales redactadas en latín, antes del nombre de su destinatario: ésta es la razón por la que también aparece en la lengua inglesa («at»).


Con la aparición de la imprenta, la arroba reaparece como unidad de medida; a principios del siglo XVII, don Sebastián de Covarrubias la registra como «peso de veinte y cinco libras» y, como acepción complementaria, «que vale quarta parte».


En el siglo XIX los lenguajes de contabilidad y física le dan un nuevo uso y retoman su significado de preposición, pero ahora con el sentido «en». Gracias a ello el signo pervivió en las máquinas de escribir.

Como el teclado de las computadoras es una evolución directa del de las máquinas de escribir, en el siglo XX la arroba traspasa el tiempo y llega hasta nuestros días; con todo y que únicamente fuera utilizada por pequeños grupos. En las últimas décadas del siglo XX la aparición del internet le trajo una nueva función a la arroba. Gracias a que Ray Tomlinson (creador del primer sistema de correo electrónico en 1971) buscaba un símbolo que sirviese para identificar las direcciones electrónicas, volvió a la vida a ese viejo signo todavía disponible en los teclados y lo que siguió es historia conocida. ¿Qué te parece?

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