Textos antiguos, lectores modernos


Aunque no se trataba propiamente de libros, es muy sabido que los primeros registros de la humanidad fueron hechos por los sumerios en tablillas de arcilla mediante la escritura cuneiforme. Costumbre que duró alrededor de tres mil años hasta que los egipcios empezaron a desarrollar su escritura con jeroglíficos. Tan avanzada era la cultura egipcia, que se dieron el lujo de crear dos tipos de escritura: una destinada a los dioses y faraones (hierática) y otra para el pueblo (demótica); aunque para ambos casos empleaban el papiro, que enrollaban y guardaban en jarras, cajas de madera o bolsas de piel para trasladarlos o conservarlos. Esta práctica duró aproximadamente dos milenios.


Del rollo al cuadro Ya en nuestra era aparecieron los primeros codex (códices) de pergaminos y adoptaron la forma de las tablillas de cera utilizadas habitualmente por los griegos. Además de hacer más sencilla la lectura y la copia, los códices dieron paso a lo que se denominó libro cuadrado (liber quadratus)

Precisamente es en este formato en el que se encuentran los manuscritos más antiguos que han podido ser preservados hasta nuestros días. Tal es el caso del Evangelio de San Cutberto: el libro europeo más antiguo e intacto que se posee. Aunque este ejemplar data del siglo VII y se sabe que es una copia del Evangelio de San Juan en escritura carolina, no fue sino hasta el 1104 cuando se encontró dentro de un féretro.

El papel americano En el caso del continente americano, el manuscrito más antiguo que aún se conserva es el Códice maya de México, también conocido como Códice Grolier porque fue en el Club Grolier de Nueva York donde se expuso por primera vez este texto prehispánico que data alrededor de los años 1021 y 1154.

La autenticidad del códice, que representa la concepción indígena mesoamericana del tiempo y la historia, se demostró en agosto de 2018 gracias a las pruebas de radiocarbono. Actualmente se resguarda en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el Museo Nacional de Antropología e Historia de la CDMX lo exhibe en muestras temporales.

Por la ruta de la seda Sin embargo, es el Sutra del diamante el texto impreso más antiguo publicado en el año 1150, está grabado sobre bloques de madera que al juntarlos miden alrededor de cinco metros, por lo que lo convierte no sólo en el escrito más antiguo sino en el más substancial: su contenido trata temas espirituales que enseñan, entre otras cosas, la práctica del desapego o la abstención del apego mental.

Permaneció oculto durante siglos en las cuevas de Mogao, China, entre cavernas cercanas a una ciudad importante de la Ruta de la Seda. Actualmente la copia física se conserva en la Biblioteca Británica, aunque en su portal tienen disponible su versión digital para consulta.


Nunca sabremos cuántos documentos se han perdido a lo largo de la historia; las guerras, los saqueos o incendios intencionados son algunas de las causas por las que conocemos escritos sólo por alusión; por ello, tenemos la fortuna de aún contar con estos ejemplares que por su antigüedad y estado de preservación son verdaderos tesoros para la humanidad.